Ayrton Senna, el genio que murió demasiado pronto


Gran Premio de Imola (Italia), el Williams que conducía Ayrton Senna se estrelló contra la curva de Tamburello. El monoplaza quedó destrozado y él inconsciente en el interior. Se le trasladó de urgencia a un centro sanitario en Bolonia, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvar su vida falleciendo a las pocas horas. A partir de ese momento Senna se convertía en leyenda.

Fue un genio, uno de los mejores pilotos de todos los tiempos –para muchos el mejor-, pero el hecho de fallecer en una carrera y a los 34 años de edad después de tener una trayectoria brillantísima contribuyó a que sea considerado la gran leyenda de la Fórmula 1, a pesar de no ser el piloto que más campeonatos del mundo ha conquistado.

Senna siempre fue un adelantado a su tiempo y realizó algunas proezas insólitas, como la clasificación previa al Gran Premio de Mónaco de 1988. Los expertos en Fórmula 1 aseguran que nunca han visto algo similar a lo presenciado aquel día en las calles del Principado. Era la última tanda de Senna, que vuelta tras vuelta aniquilaba los tiempos a bordo de su Honda.

Consiguió batir el mejor tiempo, pero él siguió mejorando su marca cada vez que pasaba por la línea de meta, estableciendo la pole un segundo mejor que el segundo clasificado. Tras bajarse del monoplaza, Senna lo explicó de la siguiente manera: “Recuerdo que corría más y más deprisa en cada vuelta. Ya había conseguido la pole por unas décimas de segundo, luego por medio segundo, después por casi un segundo y, al final, por más de un segundo. En aquel momento me di cuenta, de repente, que estaba pasando los límites de la consciencia. Tuve la sensación de que estaba en un túnel, el circuito, para mí, era sólo un túnel. En ese momento me sentí vulnerable. Había establecido mis propios límites y los del coche, límites que jamás había alcanzado. Aún mantenía el control, pero no estaba seguro de lo que estaba sucediendo exactamente: yo corría… y corría… Fue una experiencia espantosa. De repente me di cuenta de que aquello era demasiado. Fui despacio hacia los boxes y me dije a mí mismo que aquel día no regresaría a la pista. Fue una experiencia que nunca más se repitió con tanta intensidad, y deliberadamente, no volví a permitirme llegar tan lejos”

En la carrera del domingo no se llevó la victoria, ya que se chocó cuando marchaba primero, pero su afán por aventajar en más tiempo al segundo hizo que se chocase.  Ese año no se llevó la victoria en Mónaco, pero ganó allí seis veces, una marca insólita hasta la fecha. En las estrechas calles del Principado Senna mostraba su mejor cara, donde su talento florecía en mayor medida.

El brasileño había debutado en la Fórmula 1 en el equipo Toleman, una escudería modesta que le abrió las puertas del Gran Circo y donde demostró su talento desde el primer momento. Sólo tardo un año en dar el salto y pasar a un coche con más posibilidades. Lotus-Renault le fichó en 1985 y ese año consiguió su primera victoria. Ya en su segunda carrera en esta escudería se hizo con la primera pole de su carrera en la F1 y su primera victoria en el Gran Premio de Portugal, en una carrera en la que aventajó al segundo clasificado en más de un minuto. En su primer año en Lotus sumó siete poles y terminó la temporada cuarto, posición que repetiría también en el siguiente curso.

La escudería cambió el motor Renault por el Honda y Senna luchó por primera vez por el campeonato, terminando tercero. Al año siguiente, ya en 1988, firmó por McLaren que montaba motores Honda, como Lotus. En su primer año en la escudería inglesa consiguió el primero de sus tres títulos mundiales.

Con su llegada a McLaren se inició uno de los grandes duelos de la historia del deporte. La rivalidad entre Senna y Prost fue algo que no se había visto antes. Dos campeones compartiendo equipo, con caracteres tan diferentes que chocaron constantemente. Nunca se llevaron bien y nunca hicieron nada para tapar la antipatía que sentían el uno por el otro. Cada carrera era una guerra.

Senna fue uno de los primeros deportistas, junto a Micheal Jordan, en convertirse en un hombre anuncio. Tenía un par de empresas que gestionaban sus derechos de imagen en Europa y América. Las marcas se lo rifaban, ya que un deportista con su éxito y su carisma era un filón para los anuncios. Llegó a facturar 25 millones de dólares al año en publicidad, algo inaudito para esa época.

En 1989 Prost conquistó el título y un año más tarde Senna sumó su segundo entorchado después de ganar en seis de las carreras del Campeonato del Mundo. Esa fue la primera temporada de Prost en Ferrari. El francés se marchó a la escudería italiana para ser el líder del equipo. En McLaren había dos gallos y un solo gallinero. Prost se dio cuenta que no podía luchar en cuanto a carisma con Senna y prefirió hacer las maletas.

En la temporada del año 91 las cosas cambiaron mucho en la Fórmula 1. Adrian Newey diseño un novedoso Williams Renault que fue la sensación de aquel año. Senna conquistó el título merced a la ventaja que consiguió en las primeras carreras, pero el Williams de Nigel Mansell dio un paso adelante en cuanto a tecnología y rendimiento. El británico le puso las cosas muy difíciles a Senna, llegando a disputarle el campeonato. Ese año Prost con su Ferrari estuvo lejos de los dos pilotos.

La penúltima campaña de Senna al volante del McLaren fue la peor de todas. Las cosas no salieron bien y la pujanza de los Williams se impuso en un campeonato en el que destacó un imberbe Michael Schumacher a bordo de un Benetton. Senna terminaba contrato con McLaren en 1992 y creyó que la escudería británica no podría competir de igual a igual con los Williams, por lo que quiso fichar por ésta última. El problema llegó cuando se enteró de que Prost ya tenía un acuerdo con ellos y una clausula en el contrato gracias a la cual podía elegir a su compañero de equipo. El veto a Senna quedó claro y al brasileño no le quedaron más opciones que seguir otro año en McLaren, que cambió el motor al monoplaza. Senna estuvo a punto de irse a la Indycar americana, pero finalmente decidió seguir en la Fórmula 1. Ese año el título fue para Prost y su Williams-Renault, pero Senna se llevó varias victorias. La más emotiva en Montecarlo, ya que supuso su sexto triunfo en el Principado.

En 1994 finalmente se produjo el fichaje por Williams. La clausula del contrato de Prost era sólo para el primer año, por lo que la escudería inglesa era libre para contratar al piloto brasileño. Prost decidió retirarse antes que volver a compartir equipo con Senna.

El fatídico fin de semana en Imola

El piloto brasileño se salió con la suya y fichó por Williams, pero nada más aterrizar en el equipo británico se dio cuenta de que el monoplaza no era el bólido que se impuso con facilidad los años anteriores. La FIA prohibió la suspensión activa y el control de tracción que había introducido Adrian Newey años antes, lo que hizo que el coche fuese muy difícil de pilotar.  Además, el tres veces campeón del mundo no cabía bien en su cockpit, por lo que no se encontraba cómodo pilotando el coche. Desde la pretemporada Senna supo que ese año no sería un camino de rosas y su FW16 no dejaba de dar problemas.

Senna tuvo mala suerte al inicio de ese campeonato. Hizo la pole en Brasil y en el Gran Premio del Pacífico, pero no consiguió ganar ninguna de las dos carreras. Fue su peor inicio de temporada en la Fórmula. El peor y el último.

Se llegó a Imola, tercera carrera del año, con Schumacher líder del mundial con un Benetton que era muy ágil, aunque un poco más lento que el Williams. El Gran Premio comenzó accidentado ya que en los primeros entrenamientos Barrichello se salió a más de 200 km/h. Perdió el conocimiento durante muchos minutos, pero resultó ileso. Quien no corrió la misma suerte fue el austriaco Roland Ratzenberger, que perdió su vida el sábado en la calificación. El coche se empotró contra las vallas de protección a 304 km/h y nada se pudo hacer por él. Ratzenberger murió una hora después a causa de los daños cerebrales producidos por semejante desaceleración.

Ante semejante panorama Senna llamó a su novia la noche anterior a la carrera y le comentó que tenía un mal presentimiento y no quería correr el domingo. “Si fuera por mí no correría”, le dijo Senna, que finalmente tomó la salida porque “era su obligación”.

El domingo, antes de la carrera, sus mecánicos le vieron hacer algo que no había hecho hasta ese día. Se quedó a solas con su monoplaza. Dio una vuelta alrededor del mismo en silencio y se quedó unos minutos apoyado en el alerón trasero. Ese coche nunca le había transmitido confianza.

Senna salió desde la Pole, pero un accidente entre Lamy y Letho nada más comenzar provocó la salida del Safety Car. Senna se impacientaba al volante de su coche al no poder superar al coche de seguridad, pero muy pronto se percató de que algo marchaba mal en su monoplaza.

En las vueltas que el Safety estuvo en pista su volante subía y bajaba en cada curva, especialmente en las frenadas. De haber entrado en boxes le hubieran adelantado todos los participantes, pero él decidió seguir. Al reanudarse la carrera los problemas con el volante se acrecentaron.  De repente, la barra de dirección se partió y se le calló el volante, justo antes de la curva de Tamburello. Senna no pudo hacer nada para evitar que el coche chocase contra el muro de protección, aunque consiguió reducir la velocidad de 314 Km/h a 211.

Una llanta le golpeó en la cabeza y le dejó inconsciente, pero lo peor fue que un trozo de la dirección le atravesó el casco, lo que le ocasionó una fractura en el cráneo y la pérdida de masa encefálica. Los servicios sanitarios le realizaron una traqueotomía en plena pista mientras los monoplazas continuaban la carrera. A pesar de la magnitud del accidente, los comisarios de la FIA no detuvieron la carrera.

Todos los esfuerzos de los médicos fueron en vano. Un helicóptero trasladó al piloto a un hospital de Bolonia, pero ingresó en estado de coma cerebral. Su muerte se confirmó unas horas más tarde.

El accidente mortal de Ayrton Senna sirvió para que las normas de seguridad cambiaran completamente. Desde entonces, afortunadamente, no ha habido que lamentar ninguna muerte más en la Fórmula 1. Pero aquella tarde en Imola el Gran Circo se quedó sin su rey.

*Artículo publicado en http://www.gipuzkoasport.com

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